Migrar a Shopify: cuándo compensa y cuándo es tirar dinero
La conversación suele empezar igual: la web va lenta, el proveedor de siempre tarda tres semanas en cambiar un banner, y alguien en una comida te ha dicho que en Shopify eso lo haces tú en diez minutos. A veces es verdad. El problema es que la decisión se toma comparando la cuota mensual de Shopify con lo que pagas ahora de hosting, y esa comparación no tiene nada que ver con el coste real de mover una tienda que ya factura.
Este artículo va de la factura completa. La visible y la que aparece en el mes cuatro.
Lo que compras y lo que entregas a cambio
Shopify vende una cosa muy concreta: te quita de encima el mantenimiento. No hay actualizaciones de módulos que rompen el checkout, no hay servidor que se cae en Black Friday, no hay que parchear nada. El 80 % de las incidencias que tienes hoy con un WooCommerce o un PrestaShop desatendido desaparecen. Eso vale dinero y vale tranquilidad.
Lo que entregas a cambio es control. No tienes acceso al servidor. No tocas la base de datos. La estructura de URLs viene impuesta. El checkout solo se personaliza de verdad en el plan Plus o mediante extensiones limitadas. Y cada cosa rara que hace tu negocio —y todo negocio con años tiene cosas raras— se resuelve con una app de pago o no se resuelve.
Comparar 92 €/mes de Shopify con 60 €/mes de hosting es comparar dos cosas distintas. La cuota es entre el 5 % y el 15 % del coste real del primer año. El resto está en migración, apps, integraciones y horas de tu equipo.
Las URLs: el coste que no ves hasta el mes tres
Shopify impone su estructura. Los productos cuelgan de /products/, las categorías de /collections/, las páginas de /pages/. No lo puedes cambiar. Si tu tienda actual tiene URLs del tipo /calzado/botas/bota-chelsea-negra, en Shopify serán /products/bota-chelsea-negra. Todas. Sin categoría en la ruta.
Eso significa redirecciones 301 (el aviso permanente que le dice a Google "esto se ha mudado aquí") para cada URL indexada. Y no son solo los productos. Una tienda con 3.000 referencias suele tener, entre productos, variantes indexadas, categorías, subcategorías, filtros que se indexaron sin querer, páginas legales, landings antiguas de campañas y artículos de blog, entre 8.000 y 15.000 URLs en el índice de Google. Hacer ese mapeo bien es trabajo de verdad: exportar el sitemap, cruzarlo con Search Console, cruzarlo con Analytics para saber cuáles traen tráfico, decidir a dónde va cada una y cargar el fichero.
Cuando no se hace bien —y se hace mal muy a menudo, porque es tedioso y no se ve— pasa lo siguiente: las 200 URLs top se redirigen, y las 7.000 de cola larga van todas a la home o a un 404. Esas 7.000 no traían tráfico individualmente, pero sumadas eran un tercio de tus visitas orgánicas.
Con redirecciones bien hechas, lo habitual es una caída de tráfico orgánico de entre el 10 % y el 25 % durante 4 a 10 semanas, con recuperación posterior. Con redirecciones mal hechas, la caída puede pasar del 50 % y no recuperarse sola. Son rangos de referencia: depende del volumen indexado, de la antigüedad del dominio y de cuánto cambie el contenido.
Súmale el detalle silencioso: los enlaces externos que has ido ganando en diez años apuntan a URLs concretas. Las 301 transmiten la mayor parte de la autoridad, pero no todo, y solo si están bien apuntadas. Si tienes un catálogo grande y tráfico orgánico que pesa en la facturación, presupuesta el trabajo de redirecciones como una partida propia. No como "ya lo mete el desarrollador".
Las integraciones: aquí es donde se dispara
Una tienda que factura lleva años acumulando conexiones. Ninguna es glamurosa y todas son críticas. El inventario que se sincroniza con el ERP cada quince minutos. El fichero que se manda a la agencia de transporte a las 15:30. Las facturas que van al gestor. El TPV de las tiendas físicas que descuenta del mismo stock. El feed de Google Shopping con los campos personalizados que costó tres meses ajustar.
Todo eso hay que rehacerlo. Y en Shopify hay tres caminos, con precios muy distintos:
| Vía | Cuándo funciona | Coste orientativo | Riesgo |
|---|---|---|---|
| App del marketplace | Integración estándar y muy extendida (Holded, Sendcloud, Klaviyo, Correos Express…) | 20–150 €/mes cada una | Que cubra el 90 % de tu caso y el 10 % restante sea justo lo que te da de comer |
| Conector genérico (middleware) | ERP conocido, lógica simple, volumen medio | 100–400 €/mes + 2.000–8.000 € de puesta en marcha | Dependencia de un tercero más en la cadena |
| Desarrollo a medida sobre la API | Reglas propias: tarifas por cliente, stock multi-almacén, packs, recargo de equivalencia | 6.000–30.000 € según alcance | Mantenimiento perpetuo y límites de llamadas a la API |
Hay un punto español que conviene mirar antes de firmar nada: la facturación. Shopify no emite de serie una factura que cumpla lo que te pide tu gestoría, ni gestiona bien el recargo de equivalencia, ni el IVA intracomunitario con validación de VIES, ni los tipos reducidos por línea de una forma cómoda. Se resuelve con apps o con integración contra tu ERP, pero se resuelve, no viene puesto. Y con Verifactu en el horizonte, es una conversación que tienes que tener al principio del proyecto, no al final.
Lo mismo con el B2B. Si vendes a distribuidores con tarifas por cliente, descuentos por volumen, pedidos mínimos y pagos a 60 días, Shopify puro se queda corto y acabas en Plus o en apps que se pisan entre ellas.
La formación y el mes de caos
Esta partida no se presupuesta nunca y siempre se paga. Tu equipo lleva años con un backoffice que odia pero domina. La chica de atención al cliente sabe exactamente dónde está el botón para hacer un cambio de talla con reembolso parcial. El de almacén tiene su rutina de imprimir etiquetas.
Durante las primeras 4 a 8 semanas todo eso tarda el doble. Los pedidos se procesan más lento, aparecen incidencias que antes no existían, y alguien va a mandar un pedido a la dirección de facturación en vez de a la de envío porque en la pantalla nueva están al revés. Si tu equipo procesa 150 pedidos diarios, un 30 % de pérdida de productividad durante seis semanas son unas 250-300 horas de trabajo extra. Ponles precio.
Migrar una tienda que factura no es un proyecto técnico. Es un proyecto de operaciones con una parte técnica.
La contrapartida honesta: pasado ese periodo, la mayoría de equipos van más rápido que antes. El admin de Shopify es notablemente mejor que el de casi cualquier alternativa. Pero el bache existe y hay que planificar quién lo absorbe. Migrar en septiembre con la campaña de Navidad encima es una decisión que se paga.
Cuándo sí compensa, con criterio
Hay escenarios donde el cálculo sale claro:
- Tu plataforma actual está en una versión sin soporte. Un Magento 1 o un PrestaShop 1.6 no son una tienda vieja: son un riesgo de seguridad y de pasarela de pago. Aquí no comparas Shopify con lo que tienes, sino con lo que costaría rehacer lo que tienes.
- Estás pagando mantenimiento defensivo. Si te vas a 1.500-2.500 €/mes solo en que la web no se caiga, sin que nadie construya nada nuevo, ese dinero está mejor puesto en otro sitio.
- Tu catálogo es simple y tu volumen alto. Marca propia con 80-400 referencias, poca lógica de precios, un solo almacén. Es el caso ideal de Shopify y la migración puede cerrarse en 6-10 semanas.
- Vendes fuera y quieres seguir haciéndolo. Multidivisa, multiidioma y traducción de impuestos son de lo mejor que ofrece la plataforma.
- Tu rendimiento actual es malo de origen. Si la ficha de producto tarda cinco segundos porque el servidor está saturado y no hay presupuesto para arreglarlo, Shopify te da una base decente. Ojo: no es magia, y una plantilla mal montada con doce apps es igual de lenta. Aquí tienes el detalle de lo que cuesta cada segundo de carga en la ficha.
- Dependes de una sola persona. Si el único que entiende tu tienda es un freelance que no coge el teléfono en agosto, estandarizar tiene un valor que no aparece en ninguna hoja de cálculo.
Cuándo es tirar dinero
Y los escenarios donde la migración es cara, dolorosa y no arregla nada:
- El problema real es la conversión, no la plataforma. Si tu tienda convierte al 0,6 % y la media de tu sector está en el 1,5 %, cambiar de plataforma no lo toca. Antes de mover nada, mira qué está fallando en tu checkout y qué recupera de verdad un carrito abandonado. Sale mucho más barato y te dice si el problema estaba en el software o en otro sitio.
- Tienes lógica de negocio pesada. Configuradores de producto, presupuestos, precios calculados por medidas, stock repartido en seis almacenes con reglas de prioridad. Cada una de esas piezas es una app o un desarrollo. Cuando sumas seis, has construido un Frankenstein más frágil que lo que tenías, y encima pagando 800 €/mes en suscripciones.
- Tu tráfico orgánico es el 60 % de tu facturación y tienes 20.000 URLs indexadas. Se puede hacer, pero el riesgo es real y el proyecto de SEO técnico cuesta lo mismo que la migración entera. Piénsalo dos veces.
- Migras porque tu proveedor actual no responde. Ese es un problema de proveedor. Cambias de proveedor, no de plataforma. Una migración es la excusa más cara del mercado para dejar de trabajar con alguien.
- El presupuesto que te han pasado no menciona redirecciones, integraciones ni formación. No es que sea barato. Es que está incompleto y lo descubrirás en marzo.
Dónde ganan las alternativas
Para ser justos: hay casos claros en los que quedarse o irse a otro sitio es mejor decisión.
WooCommerce gana cuando el contenido pesa tanto como el catálogo —una marca con blog fuerte, guías, comunidad— y cuando quieres control total del coste sin cuotas por app. Requiere un mantenimiento serio, y el que no lo paga acaba hackeado.
PrestaShop sigue teniendo sentido en España en tiendas con catálogos grandes, muchas variantes y necesidades fiscales locales, con la ventaja de que hay mucha gente que lo conoce y precios de mercado razonables. La contrapartida son las actualizaciones y los módulos de terceros.
Adobe Commerce o soluciones B2B específicas ganan si tu negocio es mayoritariamente mayorista, con jerarquías de clientes y catálogos por cuenta. Cuestan mucho más, pero comparados con reconstruir eso en Shopify a base de apps, a veces salen más baratos.
No es "¿Shopify es mejor?". Es "¿qué tres cosas concretas van a funcionar mejor el 1 de enero que ahora, y cuánto valen esas tres cosas al año?". Si no sabes contestar con números, la migración es una intuición cara.
Cómo decidir sin romantizar
Antes de pedir un solo presupuesto, monta esta hoja:
- Inventario de integraciones. Lista cada sistema conectado a tu tienda, quién lo mantiene y qué pasa si deja de funcionar un martes. Suelen aparecer entre 6 y 12 conexiones que nadie recordaba.
- Radiografía de URLs. Exporta el sitemap y cruza con Search Console: cuántas URLs indexadas, cuántas traen tráfico, cuántas traen ventas. Ese número decide si el capítulo SEO es una partida menor o la mitad del proyecto.
- Coste anual completo de las dos opciones. Plataforma + apps + mantenimiento + comisiones de pasarela + horas internas. Shopify cobra un porcentaje extra si no usas Shopify Payments; si tienes un acuerdo bueno con tu banco, mételo en la cuenta.
- Ventana temporal. Nunca en temporada alta. Y con dos semanas de solape en las que puedas volver atrás.
- Quién firma el "esto funciona". Una lista de 30 comprobaciones operativas —un pedido con recargo de equivalencia, un cambio de talla, una devolución parcial, un envío a Canarias— validadas por la persona que lo hace cada día, no por el desarrollador.
Para una tienda de tamaño medio en España, con catálogo de 1.000-4.000 referencias, ERP conectado y tráfico orgánico relevante, una migración bien hecha suele moverse entre 15.000 y 45.000 € el primer año contándolo todo. Puede ser dinero muy bien invertido. También puede ser el importe exacto de no arreglar el problema que tenías.
Si este problema está entre dos proveedores tuyos,
es justo donde suelo entrar.